El escritor israelí Amos Oz
conversa con su hija sobre la esencia del judaísmo, la idea de sentirse el
pueblo elegido y por qué una nación que sabe lo que es la guerra, prefiere
resolver sus asuntos a puro debate político.
Por Fania Oz Salzberger(*), El País, Julio 2, 2013
Mi padre, Amos Oz, el renombrado
novelista israelí y yo, una historiadora de las ideas, recientemente publicamos
nuestro primer libro conjunto, Jews and Words ("Los Judíos y las palabras").
Se trata de un ensayo delgado y juguetón sobre ser judío desde el punto de
vista de dos israelíes seculares. Escrito en inglés, actualmente está siendo
traducido a varios idiomas, incluido nuestro hebreo nativo.
Como "ateos de manual"
vagamos a través de innumerables textos judíos, ideas y ocurrencias, dirigidos
por nuestro profundo amor por la Biblia y sus numerosas descendencias
literarias. Pero es también una historia profundamente política e ingresamos
tranquilamente en disputas culturales. Los temas clave para nosotros son la
continuidad, el individualismo dentro de la comunidad, las mujeres fuertes que
se hacen oír y el poder del auto-humor. Pero cada una de estas singularidades
judías puede llegar a ser un símbolo universal para la conversación global de
hoy. Todos están invitados a la mesa de la cena judía, donde los libros estaban
siempre presentes, y una "irreverencia reverente" mantenía la mente
abierta a nuevas ideas. Hablé con Amos de la singularidad judía y su
universalidad. El diálogo resultante no sólo se ocupa de los temas principales
del libro, sino que también demuestra su argumento central: que las familias,
no sólo las naciones, prosperan al "hablar de sus diferencias".
¿Por qué a los judíos les gustan
tanto las preguntas?
La identidad judía está basada
desde siempre en un intercambio de ideas. Habitualmente ese intercambio toma la
forma inquisitiva. Cuando era niño, le pregunté a mi padre, "¿por qué los
judíos siempre responden a una pregunta con otra pregunta?" Y él me
respondió: "¿por qué no?".
Los signos de interrogación son
más importantes en la tradición judía que los signos de exclamación. En la
Biblia Hebrea no aparece ninguno de esos signos, pero está llena de preguntas.
Ni bien Adán y Eva empiezan a pensar por ellos mismos, se empiezan a apilar las
preguntas. Algunas aún son relevantes. ¿Dónde estás? ¿Quién te dijo que estabas
desnudo? ¿Comiste del árbol prohibido (del conocimiento)? Y en el siguiente
capítulo: ¿Dónde está tu hermano? Caín, el primer hombre en responder una
pregunta con una pregunta dice: "¿Acaso soy el guardián de mi
hermano?" "Oh, sí que lo eres", dice la Biblia.
Israel es una sociedad
extremadamente política y vos sos un intelectual muy político. En la reciente
campaña electoral tus palabras tenían peso. A diferencia del conflicto
judío-árabe, los desacuerdos internos de los judíos son casi siempre verbales y
no violentos. ¿Por qué es eso?
Muchas veces me han preguntado:
¿cuándo ustedes, los israelíes judíos, nos van a dar una pequeña guerra civil?
Después de todo, tienen sus grandes diferencias y sus propios fanáticos. Mi
respuesta es que la guerra civil en Israel lleva ya 100 años. Pero en más de un
siglo de sionismo, no más de 50 judíos fueron asesinados por otros judíos por
asuntos políticos, ideológicos o religiosos. Eso incluye el asesinato del
primer ministro (Yitzhak) Rabin. Por supuesto, uno ya es demasiado. Pero
habitualmente resolvemos nuestros dolorosos desacuerdos internos, no a los
tiros, si no insultándonos, infligiéndonos úlceras y ataques al corazón. O sea:
una tradicional batalla judía. Es preferible a los ríos de sangre y fuego con
que las otras naciones resuelven sus diferencias.
Muchos judíos ultra-ortodoxos
considerarían a nosotros y a esta conversación como totalmente ajena a la
tradición judía "real". ¿Qué les dirías?
Cuando esa gente dice, "la
real tradición judía", no tienen en mente lo vivo que está el legado judío
sino que ven a un fósil. Por más de 3.000 años, la civilización hebraica y
judía, en los buenos tiempos, ha tenido un final abierto a interpretaciones,
reinterpretaciones y contra interpretaciones. Un seminario multigeneracional.
Muchachos brillantes fueron alentados a abrir nuevos territorios como parte de
su bar mitzvah. Se esperaba que los hombres jóvenes aportaran un kidush, un
pensamiento original sobre un texto antiguo. "No hay lugar para el
aprendizaje sin la novedad", dice el Talmud. Nuestro árbol de conocimiento
se expande en todas las direcciones, sin faltar el respeto a sus raíces. Así
que la " real tradición judía" incluye a Noé, Nahmánides y esta
conversación.
Un amigo no judío me decía que
nosotros los judíos reclamábamos ser únicos y normales al mismo tiempo. Las
escrituras utilizan el término "goy" tanto para incluirnos
(originalmente simplemente significaba "nación") y excluirnos (cuando
"goy" se volvió "gentil"). Isaías profetizó un futuro de
paz mundial y valores universales cuyo centro sería Jerusalén. Shylock
pasionalmente reclamaba que un judío es un ser humano normal, pero los judíos
inflexiblemente presionaron su "otredad" a través de los siglos, reforzando
a los antisemitas y reforzándose por ellos a cambio. Así que quizás sea el
momento de decidir: ¿Somos diferentes? ¿Somos "superiores"? O, como
dice el chiste, ¿"somos como todo el mundo, aunque un poco más?"
Shylock no tiene ni un hueso (ni
una libra de carne) judío en su cuerpo. Fue inventado por Shakespeare, quien
seguramente nunca se cruzó con un judío. Pero la contradicción entre la otredad
por un lado y pertenecer a la familia humana por el otro, es una falsa
contradicción. La familia humana es una familia de otros. Es como una orquesta
con diferentes instrumentos. John Donne, un contemporáneo de Shakespeare,
escribió: "Ningún hombre es una isla". Y yo humildemente agrego
"pero cada uno de nosotros es una península". Cada cultura también es
una península, mitad conectada a la tierra firme de la humanidad y la otra
mitad única y excepcional.
¿Somos el pueblo elegido? No
mejores que otros sino viejos maestros de universalismo moral, recibiendo ese
papel de parte de Dios y nuestros ancestros.
Aunque renuncio firmemente al
reclamo de la superioridad judía, pienso que el pueblo judío ha hecho oír, por
generaciones, un único conjunto de voces. Perdimos soberanía, tierra y poder,
pero no nuestras enormes ambiciones éticas. De hecho, enseñamos un
universalismo moral, pagando un terrible precio. Como dijo alguna vez (el
escritor judío) Sholem Aleichem sobre la profundidad del sufrimiento judío y de
su miseria: "Dios mío, ¿no puedes por favor elegir a otro para cambiar?
¿Seguimos siendo diferentes?
Somos tan diferentes como todos.
Pero el mundo se ha vuelto más
judío, ¿no? Al menos en la reciente vuelta hacia el lenguaje, la textualidad y
la conversación siempre en expansión online y offline.
Si ser judío significa tener
facilidad de palabra, un cierto sentido de relativismo, y una medida de
pluralismo, con una pizca de humor y falta de confianza, entonces la respuesta
es sí.
Vamos a hablar de la paternidad:
¿hay allí un secreto profundo judío? El libro que co-escribrimos que fue
creciendo en la mesa familiar, tiene mucho que decir acerca de libros leídos en
la mesa. Disfrutamos en las lecturas de nuestros ancestros. Proust, Agnon,
Bashevis Singer, todos tenían madres que amaban los libros como vos y yo. ¿Cómo
es de diferente la madre que es lectora a la madre que sólo ve televisión?
Todos conocemos los chistes de
la madre judía que te llena de culpa. Pero en realidad, lo que las madres
judías infligen en sus crías a través de generaciones es, antes que nada,
curiosidad. Los padres alientan el cuestionamiento y la excelencia, mientras
las madres alimentan el asombro. Juntos, alientan la memoria y por lo tanto la
continuidad.
¿Pueden sobrevivir los judíos
seculares? Un rabino estadounidense nos contó que nuestro libro es temporal
como una flor cortada porque nuestra propia progenie no va a ser leal a la
tradición judía; hay que ser religioso para serlo.
Hay una larga lista de judíos no
ortodoxos e incluso sacrílegos, cuya progenie es ferozmente judía. Nuestra
propia familia tiene al menos cinco generaciones de judíos no practicantes,
seculares. Y eso no nos hizo menos judíos. El Estado de Israel fue soñado y
construido mayormente por judíos seculares que creían que el Judaísmo era una
nación y una civilización no sólo una religión. Esperaban volverse un miembro
completo de la comunidad de naciones. En el Israel hoy, incluyendo Tel Aviv
donde miles acaban de votar por el secular partido Yesh Atid, al mismo tiempo
se está viviendo un verdadero renacimiento de la cultura judía antigua. Los
músicos y novelistas están dialogando con los textos antiguos y medievales y lo
hacen con gran estilo. En este sentido, Los judíos y las palabras es un
libro israelí muy contemporáneo.
Hablemos de idiomas En el último
milenio, los judíos hablaron y escribieron textos significativos en al menos
una docena de idiomas. Tus padres -mis abuelos- hablaban varias lenguas
europeas, pero te educaron en hebreo. A mi me educaste en hebreo pero ahora
estamos hablando en inglés para lectores de todo el mundo. ¿El hebreo es
demasiado marginal para el mundo actual?
Ningún idioma es demasiado
marginal para ser universal. La cultura moderna es un coro de varias voces
llegando desde los cuatro rincones de la Tierra. El mundo judío habla
principalmente dos idiomas: hebreo e inglés, en más o menos el mismo número de
personas. Escribimos el libro en inglés intentando enviar un mensaje hebraico a
los lectores internacionales. Cuando escribí Una historia de amor y
oscuridad, pensé que solo podían entenderlo mi familia y unos pocos en
Jerusalén. Resultó que el libro le habló a millones de lectores en 30 idiomas.
Esto muestra que no hay una contradicción entre lo parroquial y lo universal.
Muchos de las grandes obras de la literatura -de Rusia, India, Egipto, Japón,
América Latina- son universales precisamente porque son provincianas. En pocas
palabras de eso se trata mi hebreo, mi israelidad y mi identidad judía.
(*) Newsweek. Traducción: F.R.C.