Los primeros días del mes de septiembre, el mundo judío celebra parte de su calendario festivo con las correspondientes manifestaciones.
Publicado en La Opinión de Zamora, el 10 de septiembre, 2010
Nuestra ciudad, nunca ha tenido en cuenta ese rico
pasado histórico,
sin duda fiel al espíritu
del histórico
Decreto de la Alhambra de marzo de 1492.
Sin embargo, justo es recordar y reconocer que la
Aljama o Judería
de Zamora contó
con tal fuerza, categoría
e influencias que los escasos restos que se conservan, bien claro habla de su
importancia y sin duda influencia. Nos bastaría citar los tres lugares del emplazamiento de las
sinagogas, Plaza de San Sebastián,
Calle Moreno y Calle Baños
para pensar que dicha distribución
atendía la mayor parte de la
superficie urbana.
Por si fuera poco localizado el cementerio judío en el arrabal de San Lázaro y el hecho de conservarse en dicho arrabal dos
topónimos urbanos que definen la
aljama como son las calles del Sol y de la Luna junto a otros detalles que
rodean la festividad de la Virgen del Yermo, nos hablan con tal claridad y
fuerza que huelgan los comentarios jocosos o sencillamente superficiales.
Podemos irnos tan lejos como queramos y por citar una fecha lejana tenemos la del año 1313, comienzos del reinado de Alfonso XI. La convivencia entre las tres grandes culturas que están en las bases de nuestra rica historia medieval, vivió y paso por períodos nada fáciles, pero en su conjunto se funden en esa historia común, que constituye uno de nuestros más ricos cimientos.
Por si fuera poco no podemos pasar por alto el gran fenómeno de los finales del sigo XV, cuando llega el invento de Gutemberg, como en el corazón de la ciudad, hoy calle de las Doncellas, Antón de Centenera en los años 1480 y en el siguiente aparecen sus primeras publicaciones en el nuevo invento de la imprenta, haciendo de nuestra ciudad una de las cuatro primeras que en los reinos de la península disfruta de ese gigantesco avance. Curiosamente en esa calle de las Doncellas desde aquella lejana época se mantuvo siempre ese tipo de trabajo hasta justamente mediados del siglo veinte década del cincuenta que se cierra el último establecimiento tipográfico.
Nos queda otro capítulo no menos importante, como es el de lo referente
a Sefarat, en el que también
tenemos detalles llenos de interés
y, en vocabulario, costumbres, topónimos
y determinadas costumbres y tradiciones gracias a ellos conservadas y adaptadas
a las nuevas formas de vida, cuya adaptación, seguros estamos que no siempre fue fácil.
Hoy cuando las luces de la cultura y de la
convivencia se hermanan y se respetan con el calor que dan sus comunes raíces, justo es celebrar aunque sea en silencio y con
la evocación
y reconocimiento de esos fondos comunes, calendario festivo con todo respeto y
evocación. Quien no respeta la
historia en buena práctica,
no puede reclamar respeto para sí.
