lunes, 16 de noviembre de 2020

Los Díaz Pimienta, un clan sefardí en La Habana de los siglos XVI al XVIII

Jesús Jambrina
Associate Professor of Spanish & History

Viterbo University


Antecedentes

Desde la llegada misma de los españoles al Caribe, Cuba fue receptora de numerosos judeoconversos que enseguida se mezclaron con las poblaciones nativas y judaizaron[1]. Según lo ha demostrado el investigador Eugenio A. Alonso López, el primer judaizante de las Américas fue Juan Muñoz, descrito en los legajos del Archivo de Indias como “indio español Yudio”, quien en 1518 fue llevado a la hoguera en Santiago de Cuba, donde era dueño de minas de plata (Historias recuperadas, 6).


Desde 1516, el propio Bartolomé de las Casas había hecho referencia a los judíos procesados por la inquisición en las Antillas (Ortiz, Introducción, 17). El primer judaizante en México fue Hernando Alonso, quien había sido residente en Cuba, donde, según su propia esposa, practicaba las tradiciones judías y, según otro testigo, había quitado la crisma a un niño bautizado, usando vino y recitando el Salmo 114 (Bejarano Gutierrez, loc. 414-426).  

Durante todo el siglo XVI, se encuentran casos inquisitoriales de judaizantes en Cuba, a donde, como los ha afirmado Fernando Ortiz, Manuel Moreno Fraginals y César García del Pino, entre otros, los criptojudíos escapaban en busca de libertad religiosa y comercio[2]

La tendencia se mantuvo durante el siglo XVII y uno de los casos más renombrados de este siglo, muy bien estudiado por Alonso López, fue el de la mulata María Núñez, mercader de piñas en almíbar entre La Habana y Yucatán, quien, aunque logró salvarse de la inquisición, perdió a una parte de la familia en la hoguera. María, de padre canario y madre africana, fue llevada a México por sus familiares para que estudiara la Ley de Moisés. (María Nuñez, a Cuban Mulatto…, inédito)

Los Díaz Pimienta

Orígenes

Pero quizá sea la familia de los Díaz Pimienta, quienes mejor representan los ires y venires entre Cuba y España de los criptojudíos hispano cubanos. El almirante Francisco Díaz Pimienta (hijo) nació en La Habana en 1594, estando su padre, el capitán Francisco Díaz Pimienta y Franco, regidor de La Palma, de paso por la ciudad – a todas luces una larga estancia (Moreno Fraginals 76, García del Pino 60)

Los padres del primer Francisco Díaz Pimienta y Franco fueron D. Diego Díaz Pimienta y Dña Mayor Franco, inmigrantes originarios del poblado de Cuba (Portugal) a La Palma, Islas Canarias, estableciéndose en el siglo XV en Puntallana (Wanguemert y Poggio 5). Hay que decir que estas islas fueron colonizadas en ese siglo por población portuguesa y española, no poca de ella de origen judío. El nombre y apellido materno son de clara filiación hebraica, lo cual resonará, como veremos, muchos años después en la vida de su nieto.    

 

En el expediente a nombre del almirante, es decir Francisco Díaz Pimienta, el segundo, en 1642 para entrar a la Orden de Santiago aparece como madre Dña Juana Pérez de Mendizabal (Wanguemert y Poggio 48), sin embargo, sus biógrafos descartan que haya sido cierto porque, basado en testigos en La Habana se afirma que

 

… el dicho Francisco Díaz Pimienta no es caballero, ni limpio de sangre por padre ni por madre… es hijo de Fulano Pimienta, de nación portugués, hebreo y descendiente de tales aunque nacido en Islas Canarias según la pública voz y fama que hay en la Isla, y en La Habana, donde hubo al pretendiente por hijo, en una mulata esclava llamada Catalina (…) (Wanguemert y Poggio 51)[3].

 

Por su parte, Manuel Moreno Fraginals, en su libro Cuba/ España, España/ Cuba (1996) afirma que “en el libro de bautismos del sagrario de la catedral (única parroquia habanera que entonces existía) no aparece ningún Francisco Díaz Pimienta y sí una inscripción del 19 de Junio de 1594 (año de su nacimiento según el propio almirante) que dice ‘Francisco, hijo de Catalina, criolla esclava del capitán Bernaldo de Quiroz, de padre no conocido’. Todos los datos concuerdan” (76) 

Empresas transatlánticas

 

Francisco Díaz Pimienta fue el único hijo varón de su padre (el capitán Francisco Díaz Pimienta y Franco) y, aunque lo tuvo fuera del matrimonio con Beatriz Rodríguez de Acosta, su progenitor le otorgó todos los derechos y Francisco (hijo) fue aceptado como miembro completo de la familia paterna, disfrutando los rangos y bienes garantizados a su estrato social.

En 1602 viajó a La Palma donde residió con su familia, en 1609 estudiaba el Bachillerato en un Colegio de los Jesuitas en Sevilla, todo asumido por su padre. Según algunos testimonios del citado expediente para la Orden de Santiago, se casó en Sevilla después de graduarse, pero no se conoce el nombre de la esposa (Wanguemert y Poggio 102).

Según César García del Pino, alrededor de 1604, un Alonso Ferrara, allegado de D. Pedro Valdés, se casó en La Habana con Juana Díaz Pimienta, quien provenía de una “notable familia sefardita”. Y continua: “Este clan de empresarios estableció en La Habana su centro de operaciones, que se ramificaba en distintas direcciones, llegando hasta las remotas costas asiáticas, en pos del rico y fructífero comercio del Oriente” (60). Esta afirmación, basada en documentos en los archivos habaneros, demuestra que había otros miembros de esta familia residiendo en la isla, siendo Juana, posiblemente, hermana del primer Francisco Díaz Pimienta y Franco.  

 

En 1612, Francisco Díaz Pimienta II se unió a la Marina española, en la cual

 

(…) tenemos que admitir todo lo que de este particular se diga de D. Francisco Díaz Pimienta, y verle tan pronto defendiendo el litoral de nuestra península, como internándose para escoltar los galeones que traían el oro y la plata del Nuevo Mundo, y hasta formando parte de la tripulación de los mismos. Así pasó el duro noviciado, cumpliendo siempre órdenes que ponían en riesgo su vida, y cuanto más críticos fueron los instantes, serenaba su alma con el temple de su corazón, para ir poco á poco labrando, ó mejor de mérito en mérito construyendo el pedestal de su fama, que le designaría para la dirección de otras superiores empresas (Wanguemert y Poggio 102)

 

En 1625 - 1626 ya tenía grado de capitán y construía en La Habana dos barcos para la Armada de Indias (Wanguemert y Poggio 81-82), aunque tenía residencia oficial en Sevilla:

 

Según el mismo testimonio, era dueño de un navío de 200 toneladas, que fabricó en el puerto de la Habana, denominado Nuestra Señora de Aguas Santas y sabido es, que los propietarios de estos buques aunque vistieran el uniforme de la armada, disfrutaban de libertad para trasportar pasajeros y cargas de particulares, lo que proporcionaba á sus dueños grandes rendimientos, igual que también eran muy bien remunerados los servicios, que con los navíos particulares se prestaban al gobierno de la nación, lo que constantemente acontecía, por no bastarse la marina militar para cumplir sus compromisos en esta época de formación, y de gran penuria para el Tesoro público (Wanguemert y Poggio 83)

De acuerdo con Moreno Fraginals, sin embargo, además de trabajar para la monarquía, Francisco Díaz Pimienta fue contrabandista, practica muy común en la época y de la cual se beneficiaban tantos los cargos oficiales del gobierno insular como la población de la isla. Para ello Díaz Pimienta construyó navíos con compartimentos no autorizados, convirtiendo a estos en “galeones de carga con defensas” (77) que hacían la ruta entre las Américas y Cádiz. Y prosigue Fraginals:

 

No obstantes las numerosas denuncias presentadas sobre su contrabando en el comercio de Indias, no le removieron de su cargo, en parte porque había anudado muchos intereses y, también, porque hasta sus enemigos reconocieron su insuperable capacidad como navegante, su habilidad excepcional en los enfrentamientos al enemigo, y un valor a toda prueba que le hacían casi insustituible en medio de la gran crisis marítima española de mediados del (siglo) XVII (77-78)

 

En los años siguientes, siendo capitán, Francisco Díaz Pimienta participó en expediciones contra corsarios y piratas, y holandeses en isla Tortuga, Venezuela, Honduras y Brasil, destacándose en todas ellas y muy posiblemente, siguiendo los criterios de Manuel Moreno Fraginals y César García del Pino, marcando el territorio de sus negocios frente a otras redes comerciales de esos años.

En 1634 estuvo convaleciente en la península y en 1635-36 se casó con Doña María Alfonsa Jacinta de Vallecilla en Portugalete (Vizacaya), nacida en 1621. (Wanguemert y Poggio 96).  El primer hijo del matrimonio fue Francisco Díaz Pimienta de Vallecilla (Portugalete, Vizcaya, enero 1637), luego vino Martín José (Cádiz, 29 de agosto 1643), Nicolás y Teresa.

Entre 1639 y 1641 hay noticias de él otra vez en el Caribe, habiendo sido nombrado en 1641 General y Almirante de la Real Armada de las Indias. En esas fechas rescató para España de los ingleses las islas Santa Catalina y Providencia por lo que el rey le otorgó el hábito de Santiago.  En 1643 parte nuevamente para el Nuevo Mundo para participar en una expedición al Golfo de Baja California.

En 1646 participa en la batalla de Lérida contra los franceses, desembarcando con 1500 infantes en Vinaroz. Después de esta acción se fue a Cádiz donde fue visitado por el Conde Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV y defensor del comercio con los “portugueses”, es decir los sefardíes que por esos años controlaban el comercio – legal e ilegal- tanto en Caribe holandés, inglés y francés, así como con las colonias españolas e incluso Europa, sobre todo Amsterdam.  

Entre 1647 y 1648 estuvo en Nápoles y Sicilia conteniendo revueltas populares en esos territorios españoles. Poco tiempo después, el 30 de agosto de 1652, “murió de un arcabuzazo en el sitio de Barcelona” (Wanguemert y Poggio 223).


Un alma revuelta

Continuando, o en este caso confirmando, el origen judío y comercial de la rama habanera de esta familia, se conoce también el caso de José (Abraham) Díaz Pimienta, quien fuera llevado a la hoguera en un Auto de Fé en Sevilla en 1720 bajo el cargo de hereje.

José nació en San Juan de los Remedios alrededor de 1684, su familia fue igualmente influyente, lo cual seguramente ayudó a que entrara en seminario del que luego escapó[4]. En la crónica de su vida publicada en la American Historical Jewish Society por Richard Gottheil en 1901 de dice que “no hubo delito que no cometiera” y que su vida podría servir de inspiración para una historia de jóvenes de alma revuelta (20).

José Díaz Pimienta podría calificarse de aventurero proto-romántico: fue sacerdote, rechazó el bienestar de hogar acomodado, viajó por México, Venezuela, Jamaica, y Colombia, vivió con piratas y contrabandistas y en 1715 se convirtió al judaísmo en Curaçao, adoptando el nombre de Abraham, usando telfilín y orando en hebreo. Durante sus estudios comentó a los rabinos que toda su familia era judía y que su madre le había dicho que él tenía que vivir entre los judíos (Gottheil 22).

Más tarde, todo indica que en dependencia del sitio donde estuviese, volvió a decir que era católico. Sin embargo, al ser apresado por la inquisición y enviado a Sevilla trató de comunicarse con la comunidad criptojudía de Cádiz y Jérez, pero no recibió respuesta. Luego de varias retractaciones en una dirección y otra, no logró convencer al tribunal de la inquisición de su verdadera inclinación religiosa y fue condenado por hereje el 25 de Julio de 1720 en Sevilla.

La vida de José (Abraham) Díaz Pimienta no es muy diferente de la de otros criptojudíos de los siglos XVI y XVII que pasaron por experiencias similares en cuanto a la fluidez de sus filiaciones espirituales, entre ellos Luis de Carvajal, el Mozo (Josef Lumbroso), Juan de la Ysla (Abraham Abzaradiel), Francisco de San Antonio (Abraham Rubén) o Lope de Vera y Alarcón (Judá Creyente), entre otros. 

 

Bibliografía

Alonso López, Eugenio A. "Historias recuperadas de los criptojudíos/conversos y judaizantes en Cuba: siglos XVI-XVIII vistos desde los fondos del Archivo Histórico Nacional de Madrid del Tribunal de Cartagena de Indias", presentado en el Congreso Internacional "Sefarad Transatlántica", Jerusalén, 21-25 Junio, 2019, 43 diapositivas.

------------ “María Nuñez, a Cuban Mulatto Before the Mexican Inquisition and Familial Ties of Dispersed Crypto Jews in the 17th Century” (inédito de próxima aparición en Zamora en el mapa de Sefarad, Actas de los Congresos Internacionales, 2013-2020)

Bejarano Gutiérrez, Juan Marcos, Jewish Conquistadores in the New World, the early years, Grand Praire, Yaron Publishing, 2017, Ebook.

Bottcher, Nikolaus, “Inquisición y limpieza de sangre en Nueva España”, en Bottcher, Nikolaus, Bern Hausberger, y Max S. Hering Torres, El peso de la sangre: limpios, mestizos y nobles en el mundo hispánico, Colegio de México, 2011, pp. 187-217

Farin Levy, Eugenia, Ganz Grin, Jaime, Pérez Maleta, Conrado R., Atlas del judaísmo en Cuba, 2009

Moreno Fraginals, Manuel, Cuba/España, España-Cuba, historia común, Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1996.

García del Pino, César, El corso en Cuba. Siglo XVII, La Habana, Editorial Ciencia Sociales, 2001

Gottheil, Richard, “Fray Joseph Diaz Pimienta, alias Abraham Diaz Pimienta, and the auto de fé held at Seville, July 25, 1720” en American Historical Jewish Society, No. 9, 1901, pp. 19-28

Soria Mesa, Enrique, “El origen judeoconverso de la nobleza indiana”, en Rey Castelao, Ofelia y Cowen, Pablo (Eds), Familias en el Viejo y el Nuevo Mundo. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2017, pp. 155-185.

Ortiz, Fernando, “Introducción” en Marcos Pitchón, José Martí y la comprensión humana, 1853-1953, La Habana, Sociedad Bené Brith Maimónides, 1957

Wanguemert y Poggio, José, El almirante D. Francisco Díaz Pimienta y su época, Madrid, Revista de Archivos, 1905.

 



[1] En referencia a los primeros momentos de la inserción española en las Américas y los pocos estudios dedicados a esta etapa en relación con los orígenes de los pobladores, Enrique Soria Mesa escribe: “Surgirá ante nosotros una América española llena de judeoconversos desde prácticamente los primeros momentos de su descubrimiento y conquista. Mucho antes de la llegada de los portugueses, los cristianos nuevos habitaban masivamente las Indias, y conformaron con el tiempo un buen porcentaje de sus clases dirigentes” (157, 164). Con respecto a primer gobernador de Cuba, Soria Mesa escribe: “En este colectivo hay que englobar al gobernador de Cuba Diego Velázquez de Cuellar, parte de un extensísimo conjunto familiar de origen judaico, con enormes y vitales ramificaciones en la historia de España, las que van desde la alta burocracia de los Trástamara y Habsburgo a la alta nobleza, pasando por ser nada menos que el entorno en el que se crió San Ignacio de Loloya” (165)  

[2] La cultura criptojudía estuvo presente durante toda la época colonial tanto en España como en Portugal, así como en sus posesiones americanas. Tiene su origen en las conversiones forzosas que comenzaron en la península ibérica en el siglo VII bajo los visigodos y continuaron sucediéndose de forma más o menos continua, dependiendo de las regiones, hasta el siglo XV, con un momento importante en 1391 cuando miles de judíos se convirtieron al cristianismo intimidados por los ataques a las juderías y aljamas de los reinos cristianos. Otros lo hicieron durante las predicaciones de Vicente Ferrer entre 1411 y 1412. En 1492, ante la disyuntiva de la expulsión, muchos judíos se convirtieron para conservar sus propiedades y sus familias mientras que otros salieron a Portugal de donde en 1497 también fueron expulsados, pero donde muchos se convirtieron, dando lugar a los marranos, otra forma de llamar a los criptojudíos. Esta fue una población que se insertó en toda la estructura social, incluida la iglesia, la economía y la cultura de la época a ambos lados del atlántico, siempre con el apoyo y la ayuda de la comunidad sefardí con la que nunca perdió el contacto en la diáspora. Los criptojudíos tenían una vida pública cristiana, pero en la intimidad de sus hogares continuaron practicando la ley de Moisés, lo cual en gran parte se conoce por los casos inquisitoriales donde se documentaba la vida de estas personas, a veces durante años. Los criptojudíos estuvieron presente en toda la América española y portuguesa y fueron perseguidos hasta que las independencias latinoamericanas eliminaron la inquisición en las nuevas naciones.  

 

[3] Hay que recordar que la inquisición, para certificar la limpieza de sangre de los aspirantes a los cargos públicos o entrada en órdenes religisosas, basaba sus veredictos en investigaciones realizadas en las localidades donde los candidatos habían vivido por un tiempo considerable ya fueran estas residencias en España o en las Américas. Ver Bottcher, Nikolaus, “Inquisición y limpieza de sangre en Nueva España”, en Bottcher, Nikolaus, Bern Hausberger, y Max S. Hering Torres, El peso de la sangre: limpios, mestizos y nobles en el mundo hispánico, Colegio de México, 2011, pp. 187-217.

[4] San Juan de los Remedios fue una población asociada desde inicios del siglo XVII tanto con la presencia judeoconversa como con la piratería y el contrabando. En 1611 el obispo Almendariz se quejaba de la presencia judezma en la villa y estuvo entre los primeros en proponer el traslado de la población a otro sitio (Farin, Atlas del judaísmo en Cuba). También, entre 1692 y 1696 fue protagonista de los hechos narrados por Fernando Ortiz en su libro Historia de una pelea cubana contra los demonios (1959) que terminaron por dividir a sus habitantes entre quienes quedaron en San Juan de los Remedios y los que fundaron la actual ciudad de Santa Clara.