martes, 26 de enero de 2016

León Felipe, poeta anti-fascista



León Felipe (Tábara, 1884- México D.F. 1968)

Auschwitz

(A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos)

Esos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud...
Que hablen más bajo...
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín...
¡Oh, el gran virtuoso!...
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres...
Y solo.
¡Solo!
Aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante... tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, "gran cicerone")
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue un aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosa... otra cosa...
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú... no tienes imaginación,
acuérdate que en tu "Infierno"
no hay un niño siquiera...
Y ese que ves ahí...
Está solo
¡Solo! Sin cicerone...
Esperando que se abran las puertas del infierno
que tú ¡pobre florentino!
No pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa... ¿cómo te diré?
¡Mira! Este lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos
los violines del mundo.
¿Me habéis entendido, poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud...
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo!...¡Chist!...
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista...
Y he tocado en el infierno muchas veces...
Pero ahora aquí...
Rompo mi violín... y me callo.



***


Primera epístola a los judíos



Desde que Herodes degolló a Juan el Bautista
se acabaron los profetas en Israel.
Y los profetas eran la voz de la tierra...
La voz de la vieja tierra de Moisés,
la voz del pueblo,
la que escuchaban de rodillas los jueces y los reyes
en la penumbra de sus recámaras
cuando gritaban desde la calle. (Ahí está Jeremías,
decían los jerarcas,
temblando y arrojando del lecho
a las concubinas.)
En la Edad Media no hubo profetas en el mundo.
Hubo santos, pero no hubo profetas.
Y en vuestros Éxodos no tuvisteis profetas tampoco.
No teníais tierra...
sin la tierra de Israel precisamente
no podían crecer los profetas.
Ahora que estáis cavando esa tierra
y sacando de las rocas frutos maravillosos,
buscad una parcela, un huertecito
donde plantéis el "Árbol de los profetas".
Los profetas no tenían sabiduría,
apenas sabían leer,
pero del "comunismo socialista",
de ese fraternal socialismo
que estáis buscando tan heroicamente vosotros...
ellos, ya entonces,
sabían mucho... Tal vez más que Marx.

Para escuchar al autor leyendo el texto anterior, pincha aquí